“Éste debe de ser el famoso bosque –se dijo Alicia pensativamente- donde las cosas no tienen nombre... Me pregunto qué va a ser del mío cuando esté allí. No me gustaría por nada perderlo, porque... porque con seguridad tendrían que ponerme otro nombre que, indudablemente, sería feo. Por otra parte, iba a resultar divertido tratar de encontrar a qué criatura le habían puesto mi viejo nombre... Sería como esos avisos que dicen, cuando alguien pierde un perro... “responde al nombre de Diana... Tiene collar de cobre”... Imagínense lo que sería llamar “Alicia” a cada cosa que se encuentra hasta que alguna de ellas “respondo”... Yo de ellas no respondería nunca...”
Así divagaba cuando llegó al bosque que parecía ser umbrío y fresco.
“Bueno, por lo menos es un consuelo –decía comenzando a caminar bajo los árboles-. Después de sufrir tanto calor, entrar en... en ¿qué?... –continuó sorprendida de no poder encontrar la palabra correspondiente.
“Me meteré bajo...bajo ¿qué?...bajo esto... (tocando con la mano el tronco de un árbol), ¿cómo diablos se llamará?... Estoy segura de que no tiene nombre... ¡Por cierto que yo no lo sé!”
Se detuvo por un momento en silencio... pensando... y de repente comenzó de nuevo sus elucubraciones... “Entonces, en realidad, aquello de perder mi nombre ha sucedido ¡después de todo!... Y ahora ¿quién soy yo?... ¡Ya recordaré!... si puedo... ¡Estoy decidida a recordarlo!” Pero estar decidida de nada le valió y todo cuanto pudo decir después de mucho cavilar fue: “¡L!... Sé que comienza con L.”
En ese momento se acerco un Cervato; con sus grandes ojos suaves miraba a Alicia, pero no parecía nada asustado: -¡Ven...ven!- le decía Alicia extendiendo la mano y tratando de acariciarlo; pero el Cervato retrocedió un poco y siguió mirándola desde más lejos.
-¿Cómo te llamas?- dijo por fin el Cervato... ¡Qué voz tan suave y dulce tenía!...
- “¡Ojalá lo supiera! –pensaba la pobre Alicia. Con bastante tristeza respondió-: Por ahora, de ningún modo.
-¡Eso no puede ser! -dijo el Cervato-. Piensa de nuevo...
Alicia pensó, pero nada consiguió recordar.
-Si me dijeras como te llamas tú –dijo Alicia tímidamente- quizás eso me ayudará a recordar mi nombre...
-Te lo diré si vamos un poco más allá –respondió el Cervato-. Aquí no puedo recordarlo yo tampoco.
Así fue que atravesaron juntos el bosque, Alicia rodeando amorosamente con sus brazos el suavísimo cuello del Cervato, hasta que salieron a otro campo abierto y allí el Cervato dio de pronto un salto en el aire, liberándose de los brazos de Alicia.
- ¡Soy un Cervato!-gritó encantado...- Y ¡Dios de mi vida!...¡Tú eres una niña de la especie humana!...-Sus hermosos ojos pardos se ensombrecieron repentinamente de miedo y, al momento, había huido a toda velocidad.
Alicia se quedó parada mirándolo alejarse, casi a punto de soltar el llanto por haber perdido tan de pronto a su querido compañero de viaje.
(Fragmento del libro “Alicia tras el espejo” de Lewis Carroll)
... Mejor sería olvidar los nombres y ser buenos compañeros de viaje.
Por Eli
Así divagaba cuando llegó al bosque que parecía ser umbrío y fresco.
“Bueno, por lo menos es un consuelo –decía comenzando a caminar bajo los árboles-. Después de sufrir tanto calor, entrar en... en ¿qué?... –continuó sorprendida de no poder encontrar la palabra correspondiente.
“Me meteré bajo...bajo ¿qué?...bajo esto... (tocando con la mano el tronco de un árbol), ¿cómo diablos se llamará?... Estoy segura de que no tiene nombre... ¡Por cierto que yo no lo sé!”
Se detuvo por un momento en silencio... pensando... y de repente comenzó de nuevo sus elucubraciones... “Entonces, en realidad, aquello de perder mi nombre ha sucedido ¡después de todo!... Y ahora ¿quién soy yo?... ¡Ya recordaré!... si puedo... ¡Estoy decidida a recordarlo!” Pero estar decidida de nada le valió y todo cuanto pudo decir después de mucho cavilar fue: “¡L!... Sé que comienza con L.”
En ese momento se acerco un Cervato; con sus grandes ojos suaves miraba a Alicia, pero no parecía nada asustado: -¡Ven...ven!- le decía Alicia extendiendo la mano y tratando de acariciarlo; pero el Cervato retrocedió un poco y siguió mirándola desde más lejos.
-¿Cómo te llamas?- dijo por fin el Cervato... ¡Qué voz tan suave y dulce tenía!...
- “¡Ojalá lo supiera! –pensaba la pobre Alicia. Con bastante tristeza respondió-: Por ahora, de ningún modo.
-¡Eso no puede ser! -dijo el Cervato-. Piensa de nuevo...
Alicia pensó, pero nada consiguió recordar.
-Si me dijeras como te llamas tú –dijo Alicia tímidamente- quizás eso me ayudará a recordar mi nombre...
-Te lo diré si vamos un poco más allá –respondió el Cervato-. Aquí no puedo recordarlo yo tampoco.
Así fue que atravesaron juntos el bosque, Alicia rodeando amorosamente con sus brazos el suavísimo cuello del Cervato, hasta que salieron a otro campo abierto y allí el Cervato dio de pronto un salto en el aire, liberándose de los brazos de Alicia.
- ¡Soy un Cervato!-gritó encantado...- Y ¡Dios de mi vida!...¡Tú eres una niña de la especie humana!...-Sus hermosos ojos pardos se ensombrecieron repentinamente de miedo y, al momento, había huido a toda velocidad.
Alicia se quedó parada mirándolo alejarse, casi a punto de soltar el llanto por haber perdido tan de pronto a su querido compañero de viaje.
(Fragmento del libro “Alicia tras el espejo” de Lewis Carroll)
... Mejor sería olvidar los nombres y ser buenos compañeros de viaje.
Por Eli
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